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Editorial
De Verdad 4-2007
¡Unidad
frente a la confrontación!
La
madre de todas las fracturas
Esta
batalla, donde están en juego los principales
proyectos oligárquicos, o la misma supervivencia
de algunos como clase dominante, es la causa
del enconamiento político
Se ha abierto la veda. Parece que todo vale
en la arena política. Asistimos entre
atónitos e indignados a una confrontación
partidista cuya ferocidad excede con mucho
los límites democráticos. Un
enconamiento político que se ha trasladado
irresponsablemente a la lucha antiterrorista.
Faltando a la verdad, el gobierno y la dirección
del PSOE están empeñados en presentar
la manifestación convocada por el Foro
de Érmua como un acto de la extrema
derecha. Empeñándose en un sectarismo
atroz, el PP califica la marcha auspiciada
por los sindicatos poco menos que como una
rendición ante el terrorismo.
Los
altavoces mediáticos de uno y otro bando
azuzan el enconamiento hasta el delirio. En
un artículo de la edición catalana
de El País se identifica a ETA y al
PP como enemigos de la democracia, mientras
Jiménez Losantos amenaza veladamente
a las organizaciones de ecuatorianos sobre
las consecuencias de manifestarse el 13 de
enero contra ETA “sin el PP” .
De
la irresponsable fractura de la unidad democrática
contra el terrorismo sólo salen beneficiados
ETA, sus cómplices y quienes pretenden
seguir cosechando frutos políticos del
terror. Pero el enconamiento político
no afecta sólo a la lucha antiterrorista.
En esta batalla se utilizan partidariamente
todas las instituciones del Estado. El nuevo
ministro de justicia ha jurado su cargo acusando
de falta de legitimidad al máximo órgano
judicial, mientras que el Tribunal Constitucional
está virtualmente paralizado tras la
recusación de Pérez Tremps en
la revisión del estatuto catalán.
Ni siquiera aparatos tan sensibles como los
servicios secretos de las diferentes fuerzas
de seguridad están al margen de este
terremoto, y aparecen diariamente como munición
en el caso del 11-M.
¿Qué
está pasando? ¿Acaso este enconamiento
en las altas esferas políticas es el
reflejo de un país en ebullición?
Nada más alejado de la realidad. La
situación nacional puede definirse como
de “calma chicha”, la paz social
reina y las contradicciones de clase están
silenciadas, con un pueblo trabajador hipotecado
cuando no, en el caso de los inmigrantes, escondido
en la ilegalidad. Mientras se ha pasado del
Pacto Antiterrorista al más furibundo
enfrentamiento entre el PSOE y el PP, ocho
de cada diez españoles apoyan la firmeza
ante el terrorismo y siete de cada diez exigen
la unidad y rechazan la división. Por
otro lado, la situación internacional,
que ha repercutido históricamente en
España como elemento desestabilizador,
no es hoy motivo de conflicto. El enfrentamiento
entre EEUU y el eje franco-alemán, que
tuvo uno de sus escenarios privilegiados en
nuestro país, ha sido sustituido por
la recomposición de las relaciones trasatlánticas.
Sin
embargo, a pesar de esto, la tensión
política crece, sin vislumbrar posibles
treguas en el horizonte. Los mismos fundamentos
de la arquitectura política están
en cuestión. Desde el gobierno de Zapatero
se ha impulsado unas reformas estatutarias
que suponen, en los hechos, un cambio del modelo
territorial hacia una suerte de confederalidad
que vacíe el poder central para atomizar
la autoridad en diecisiete trozos. Algo que
sólo es posible hacer trastocando profundamente
el mismo régimen político surgido
de la transición. Debe de haber mucho
en juego, algo más que una mera pugna
de proyectos políticos, para atreverse
a poner en cuestión pilares fundamentales
del actual régimen oligárquico.
¿A
quién le interesa todo esto? ¿Quién
sale ganando? Lo más sorprendente es
que el primer banquero del país haya
tomado partido sin tapujos en esta cruenta
batalla política. Haciendo exactamente
lo contrario de lo que se presupone a un oligarca
–mantener siempre las dos barajas en
la mano-, Emilio Botín se fundía
públicamente en un abrazo con Zapatero,
pocos días después del atentado
de Barajas, en medio de una conferencia donde
asistían los 800 principales representantes
del poder económico del país.
Mientras despreciaba públicamente a
Rajoy no asistiendo, días después,
a una reunión del presidente del PP
de parecidas características.
¿Por
qué Emilio Botín apuesta todas
sus naves por Zapatero? ¿Qué
obtiene a cambio? Todo empieza por la cabeza,
es allí, en el mismo seno de la oligarquía,
donde existe una aguda confrontación,
que se traslada al terreno político
a través de sus peones. El capo oligárquico,
Emilio Botín, aspira a situar al Santander
entre los cuatro mayores bancos del mundo.
Y para ello prepara la adquisición del
BBVA, como paso previo e imprescindible que
le permita alcanzar el tamaño necesario
para tal aventura. Lo que implica despojar
de sus bases de poder a otros sectores de la
clase dominante.
Esta
batalla, donde están en juego los principales
proyectos oligárquicos, o la misma supervivencia
de algunos como clase dominante, es la fuente
de todas las disputas. Los vitales intereses
en juego provocan la ferocidad del enconamiento
político. La magnitud de la apuesta
de Botín –jugar entre los galácticos
financieros mundiales- explica hasta dónde
se está dispuesto a llegar en el camino.
No importa tensionar más allá
del límite las instituciones, no importa
quebrar el modelo territorial abriendo paso
a la disgregación del país, no
importa fracturar la unidad democrática
contra el terrorismo… Nada importa si
en el otro plato de la balanza hay una bolsa
tan importante como convertirse en el cuarto
banco del mundo.
Esta
disputa en las cumbres, interpuesta a través
de la batalla política, está
decidiendo el destino del país. Y todos
acabaremos pagando las consecuencias.
Sólo hace falta imaginar el asfixiante
dominio que el oligopolio Santander más
BBVA ejercería sobre cada uno de nosotros,
o imaginar una España cantonalizada
donde Ibarretxe o Carod Rovira pasen por encima
de un gobierno central vaciado de autoridad.
Frente a los intereses oligárquicos,
necesitamos reforzar una unidad que salte por
encima de los artificiales bandos de la izquierda
y la derecha, arrojados unos contra otros para
alimentar un enconamiento político del
que sólo salen ganando los más
fuertes.
Es
hora de acabar con esta división artificial,
generando una amplia unidad del conjunto de
la población contra el terrorismo y
el nazifascismo étnico, por la libertad,
la democracia y la independencia y soberanía
de España.
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