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De
Verdad nš 11-2007
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Zapatero,
dilapida el capital político
y electoral acumulado el
14-M, pese a contar a su
favor con el gobierno y
poder presentar unos resultados
económicos más
que notables
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Elecciones
27-M:
Zapatero
en su laberinto
A. Lozano
Los
resultados del 27-M significan, antes que nada,
el fracaso definitivo de la política
de cerco y aniquilamiento del PP, que ha presidido
la política de Zapatero desde su llegada
al gobierno
“El
día después de las elecciones,
yo puedo estar satisfecho y el PP, también”.
Con su afirmación, Rodríguez
Zapatero pretende avalar una de las valoraciones
más extendidas sobre los resultados
de las pasadas elecciones municipales y autonómicas.
Unos, el PP, han ganado en votos y otros, el
PSOE, ganan poder territorial. Así pues,
ambos pueden darse por satisfechos. Ninguno
ha ganado con claridad, pero tampoco nadie
ha perdido. El problema de esta autosatisfación
generalizada es que se corresponde poco con
la realidad de lo ocurrido en la jornada electoral.
El
fracaso de Zapatero
Los
resultados del 27-M significan, antes que nada,
el fracaso definitivo de la política
de cerco y aniquilamiento del PP, que ha presidido
la política de Zapatero desde su llegada
al gobierno. A lo largo de estos tres últimos
años, todo el centro del proyecto de
Zapatero, el diálogo con ETA y el proceso
de paz, las reformas territoriales y estatutarias,
el diseño de un nuevo modelo de Estado
y un nuevo régimen político que
lo sustentara, exigían como condición
previa, como prerrequisito imprescindible para
su realización, la aniquilación
del PP como fuerza política central,
junto al PSOE, del actual modelo político.
Para
ello han tratado de arrinconarlo sistemáticamente,
presentándolo como el partido de una
derecha extrema que no tiene cabida sino en
los márgenes del sistema y frente al
que todas las demás fuerzas políticas
debían crear un “cordón
sanitario” que condujera, primero a la
soledad política, después al
aislamiento social y el retroceso electoral.
Esta estrategia es la que ha volado, literalmente,
por los aires tras el 27-M.
El
PP no sólo no retrocede, sino que supera
en votos al PSOE y gana por primera vez unas
elecciones municipales. Y en lugar de aislarse,
arrasa en las tres comunidades (Madrid, Comunidad
Valenciana y Región de Murcia) más
dinámicas, de mayor crecimiento y que
en los últimos 5 años más
han aumentado su peso relativo en el conjunto
de España.
La
radiografía electoral que dibuja el
27-M divide España en dos sistemas territoriales.
Uno, formado por el eje Madrid-Levante (y que
se proyecta en el futuro para incorporar a
Lisboa en su vértice occidental), de
donde ahora mismo está surgiendo el
grueso de la iniciativa y el dinamismo que
caracterizan a la economía española.
Y en el que el PP amenaza con convertir su
influencia en una hegemonía social y
política, estructural y de largo alcance.
El otro, un sistema periférico anclado
en una dinámica anterior y al que el
creciente peso de unas anquilosadas burguesías
burocráticas regionales –alimentadas
por los pactos y concesiones de Zapatero–
conduce hacia una declinante deriva. Y que
en las comunidades sometidas en estos tres
años a fuertes tensiones internas como
fruto de las reformas estatutarias y el proceso
de paz, se manifiesta en una desmovilización
generalizada, con unos índices de abstención
superiores entre 4 y 10 puntos a la media nacional.
Una
triple disyuntiva
El
asedio, pues, no sólo ha fracasado sino
que, como indican con claridad los resultados,
se ha vuelto en contra de sus promotores y
esto constituye el rasgo principal de la actual
situación política que ha emergido
con el 27-M. Uno, Zapatero, dilapida el capital
político y electoral acumulado el 14-M,
pese a contar a su favor con el gobierno y
poder presentar unos resultados económicos
más que notables. Otro, Rajoy, demuestra
estar colocado en inmejorables condiciones
–ayudado además por los nuevos
vientos que soplan desde Europa con Sarkozy
y Merkel– para la batalla de las generales
del próximo año.
Ante
este fracaso en el punto central de su proyecto,
a Zapatero se le presenta una triple disyuntiva:
o cambia de política, o lo cambian a
él o se lanza a una huída hacia
adelante anticipando las elecciones generales
y jugándoselo todo a una carta. Tres
escenarios posibles, de los que el primero,
un cambio –que deberá ser sustancial–
en la política seguida hasta ahora por
Zapatero es el más previsible y el que
más probabilidades de desarrollo presenta,
aunque no se pueda descartar ninguno de los
otros. Cambio que significa, por un lado, la
recomposición de los consensos básicos
(política antiterrorista y modelo de
Estado) con el PP, y, por el otro, un giro
completo en la política de alianzas,
pasando a apoyarse en las burguesías
orgánicas regionales y los partidos
nacionalistas moderados.
Las
presiones internas, tanto de los barones regionales
como del aparato central del PSOE, van a trabajar
en esta dirección. Las consecuencias
electorales, a nueve meses de las generales,
de persistir en la misma política, dando
el paso de pactar en Navarra con Nafarroa Bai,
pueden ser catastróficas para todos
ellos.
Fuera del PSOE, los sectores de la clase dominante
hasta ahora proclives al proyecto de
Zapatero
tampoco pueden abstraerse a la nueva situación
creada en Europa por la victoria de Sarkozy
–que implica la revitalización
de la Europa de las patrias, y por lo tanto
el fortalecimiento de los Estados, frente a
la Europa de los pueblos–, ni cerrar
los ojos ante la continuidad de una política
que se encamina a entregar al adversario político
–férreamente alineado con los
sectores oligárquicos rivales–
la iniciativa en una correlación de
fuerzas previsiblemente muy favorable. En las
próximas semanas, incluso días,
comenzarán a desvelarse las claves de
la opción tomada.
En
todo caso, y sea cual sea el escenario finalmente
resultante, la nueva situación no hace
sino reafirmar y revalorizar la necesidad y
la oportunidad de la iniciativa presentada
por destacados miembros de Basta Ya de promover
la formación de un nuevo partido de
izquierdas de ámbito nacional. El fracaso
de Zapatero, al poner de relieve el rechazo
y alejamiento de los votantes hacia su proyecto,
ha creado al mismo tiempo unas condiciones
óptimas para el nacimiento, la extensión
y la consolidación de un nuevo partido
de izquierdas capaz de conectar con el arraigado
sentimiento patriótico y democrático
de la mayoría social de izquierdas de
nuestro país.
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