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"La
Tercera" ABC 6-6-2007
Nada
será ya igual
Por
Mikel Azurmendi, Profesor y escritor
El Estado de derecho ha perdido una importante
batalla y está por ver si reconstituirá
sus fuerzas para librar con éxito otra
y otra, hasta la derrota final de ETA. Porque
el Estado de derecho se halla al borde del
colapso.
El juego de ETA en esta batalla estaba cantado
pues ha obrado según su manual de treguas
a fin de cobrarse un respiro, rearmarse y volver
donde solía. Lo decisivo y realmente
innovador en esta batalla de tres años
es el papel del Gobierno y del conjunto del
partido socialista. El socialismo ha querido
jugar solo para ganar solo. Para ello ha inventado
toda clase de armamento político y todo
tipo de nuevos artefactos morales y jurídicos.
Porque su táctica era matar al compañero
de trinchera y excluirlo mientras establecía
con el enemigo un negociado secreto de concesiones
por armisticio.
La táctica socialista exigía
la ruptura de los pactos de Estado con el compañero
de trinchera y también una alianza con
aquellos sectores políticos que, aunque
casi irrelevantes demográficamente,
jamás apoyaron las medidas frontales
de la lucha contra ETA (Ley de Partidos, Pacto
por las Libertades, cambio del Código
penal, medidas jurídicas contra el enaltecimiento
del terrorismo y la kale borroka, medidas administrativas
carcelarias, etc.). Si el compañero
de trinchera quedaba enterrado en ella, mejor
que mejor, se trataba precisamente de hacerlo
aparecer ante la sociedad como un numantino
inservible en esas nuevas campas de la gestión
de la paz. Y se transformó radicalmente
la terminología que antes llamaba a
las cosas del terrorismo por su nombre, implantándose
el discurso tácticamente correcto de
las nuevas exigencias.
Esta táctica socialista ha escindido
a la sociedad democrática en dos, y
este es el mayor éxito de ETA, más
allá incluso que el de su recomposición
de fuerzas. Y ha partido en dos a los colectivos
de la sociedad civil que venían movilizándose
merced al viento a favor del consenso pactado
entre los dos grandes partidos democráticos.
Y la táctica socialista hubiese acabado
con la movilización social a menos que
las propias víctimas no hubiesen tomado
las cosas por su mano. Y ésta es precisamente
la única victoria democrática,
una especie de escaramuza nada más dentro
de la gran batalla perdida, pero que ha posibilitado
sacar al hundido en la trinchera y reponer
su política en la liza como única
política justa. Junto a la implacable
artillería del Gobierno por impedir
las manifestaciones de las víctimas
y detener a los manifestantes, y a las maniobras
de Peces-Barba por descuartizar el frente de
las víctimas en la calle, no olvidaremos
que un importante luchador de las plataformas
cívicas trató a las víctimas
de la resistencia en la calle como gente que
estaba a medio camino entre el cobrador del
frac y la monja de las llagas. No olvidamos
tampoco que esas plataformas cívicas
que jugaban el juego de Zapatero desecharon
denunciar que éste había roto
el Pacto por las libertades mientras a las
posiciones del PP las tachaba de numantinas.
Está muy bien que hoy no concedan crédito
a Zapatero pero no vemos que carguen con ninguna
responsabilidad en este desaguisado. De todas
formas doy fe pública que los ciudadanos
que antes de la tregua se partieron la cara
en la calle movilizándose no volverán
a reincidir tan fácilmente al llamado
de esas plataformas y, por tanto, apelar a
constituirse en un partido político
nuevo deja las cosas de la división
de los constitucionalistas donde estaban.
Esas cosas se refieren en última instancia
a la caracterización del socialismo.
¿Qué significa ser de izquierdas
cuando se ha caminado hacia la unión
con los asesinos porque son de la izquierda
abertzale? ¿Qué otra cosa es
ya el PSOE sino un partido político
para la táctica y las maniobras de la
toma del poder, y no ya un partido para la
defensa del Estado de derecho y la libertad?
¿Qué es un partido que ha afirmado
(y pronto veremos que también ha firmado)
«la naturaleza política del conflicto»
que tienen planteado con España ETA
y los demás nacionalistas? ¿Adónde
puede llevarnos un partido que no discrimina
entre ETA y PP y antepone en sus pactos aquélla
a éste? ¿Qué se puede
esperar de un partido que ha apoyado, prietas
las filas, al Zapatero de la legalización
de Batasuna (mediante gentecilla de ANV interpuesta
que desconoce hasta la propia historia del
partido del que dicen ser), de la sovietización
del aparato judicial, del guiñol humanitarista
con De Juana Chaos, de las palmaditas al hombre
de paz Otegui, del cordón sanitario
alrededor del PP, un partido que ve bien la
terapia-Zapatero de que el futuro de los vascos
depende de sí mismos? ¿No ha
intercambiado con ETA, como lord Chamberlain
con Hitler, tiempo (de paz) por espacio (político)?
O en el socialismo español se da una
crítica de fondo sobre estos tres años
(y también los previos) de negociación
con ETA, una crítica que toque los fundamentos
ideológicos de esa negociación
(cosa casi impensable ahora mismo) o el socialismo
habrá diluido las características
de un partido democrático. Las alianzas
con él serán precarias, inconsistentes,
sujetas a engaño y, sobre todo, peligrosas,
tan oscuras como aliarse con nacionalistas,
comunistas, verdes u otros partidos antisistema.
Y, ojo, que a cualquier otro partido democrático
le acecha siempre la misma tragedia que al
PSOE.
Éramos, pues, crispadores y de la derecha
extrema cuantos asegurábamos que ETA
no llevaba el camino de Damasco. Dijeron de
nosotros que preferíamos que ETA continuase
asesinando a que se reconvirtiese democráticamente.
¿Qué inventarán ahora,
que preferimos morir a vivir, tal vez?
«Mikel, ve tranquilo a casa, ETA se va
a entregar, tiene una voluntad clara de integrarse
al juego democrático», me asegura
el Delegado del gobierno en el País
Vasco unos meses antes de la tregua. Le objeto
al Delegado desde mi conocimiento de ETA y
desde las inequívocas señales
que está ofreciendo de no reconocer
la maldad del asesinato ni el error político
de los fundamentos terroristas. El Delegado
me asegura que tiene información fidedigna
acerca de la inequívoca voluntad de
ETA de entregarse. Bien, iré a mi casa,
le respondo, dejaré mi destierro pero
no me lo creo; ETA-Batasuna haría cosas
que no hace y diría otras diferentes
de las que dice, si es verdad lo que aseguras.
Pero ojalá me equivoque yo y tengas
tú razón, Paulino. Y me despido.
Y vengo a mi casa de la que había salido
seis años antes. Supongo que, hoy, mi
Delegado se habrá dado cuenta de que
ha estado engañándose y que pedirá
la dimisión de su fuente de información,
si él no dimite antes, claro.
Pero ¿y conmigo?, ¿qué
hará conmigo y con cientos de ciudadanos
que antes de la tregua y durante ella no hemos
parado de exigir la justicia debida a las víctimas
y de advertir que ETA es una organización
de asesinos para aterrorizar a la ciudadanía
hasta que entregue la ciudad política?
¿Nos dirá el delegado de Zapatero
que nuestro futuro como vascos depende de nosotros
mismos?
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