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El
FORO ERMUA exige a Rodríguez Zapatero
que confirme o desmienta personal y expresamente
y punto por punto la información publicada
en el diario El País (10/6/2007) sobre
el proceso de negociación con ETA
El
Foro de Ermua exige un desmentido o la confirmación
del contenido del artículo "Así
fue el diálogo con ETA"
Foro de Ermua. Bilbao,
11 de junio de 2007.
Si
la información publicada por El País
ayer 10 de junio de 2007[1] sobre la negociación
con ETA fuera cierta, el PSOE de Rodríguez
Zapatero:
· Habría estado dialogando con
el entramado terrorista de ETA-BATASUNA desde
el año 2002 (con el Partido Popular
en el ejecutivo), traicionando el pacto antiterrorista,
actuando deslealmente a espaldas del Gobierno
de entonces en materia de lucha contra el terrorismo
y diciendo públicamente a la ciudadanía
lo contrario de lo que realmente hacía
en secreto.
· Habría aceptado una negociación
política con el frente político
de la banda terrorista, asumiendo las tesis
de Batasuna expuestas en Anoeta.
· Habría aceptado poner al Estado
en tregua y rebajar la presión policial
a cambio de un alto el fuego o cese de la violencia
de ETA.
· Habría pactado con ETA el contenido
de la declaración institucional del
Presidente del Gobierno en la que anunciaba
que se disponía a abrir el diálogo
con la banda terrorista.
· Habría mentido contumaz y reiteradamente
a todos los españoles al negar en diversas
ocasiones las reuniones entre el Partido Socialista
y Batasuna durante el Gobierno del PP, al negar
que hubiera existido negociación política
alguna y al negar que se hubiera pactado la
reducción de la presión policial.
No parece necesario destacar la extrema gravedad
que tendría la actuación del
Sr. Rodríguez Zapatero si se confirmara
la información publicada por El País.
Las responsabilidades asumidas, el masivo engaño,
la traición y deslealtad serían
de tal magnitud que habría perdido la
legitimidad democrática para continuar
como Presidente del Gobierno.
Hay que destacar que la información
publicada por El País resulta altamente
verosímil ya que viene a confirmar diversas
noticias aparecidas en otros medios, así
como las declaraciones realizadas por los propios
pistoleros y los representantes de la ilegalizada
Batasuna y es plenamente coherente con los
hechos públicos, entre otros: la drástica
disminución de la detención de
comandos terroristas durante la tregua; la
existencia de al menos un chivatazo a ETA sobre
una operación policial desde dentro
de la elite antiterrorista de la policía;
la inactividad de la Fiscalía; la reunión
pública de los representantes de Batasuna
y del PSE o el compromiso de que “el
Gobierno respetará las decisiones de
los ciudadanos vascos”, incluido por
Zapatero en la declaración institucional
en la que anunciaba que abría el diálogo
con los terroristas. Siendo, por tanto, verosímil
esta información, publicada en un medio
que no puede considerarse hostil al actual
Gobierno y firmada por un periodista que ha
venido actuando como su portavoz oficioso,
resulta imprescindible que el Señor
Rodríguez Zapatero confirme o desmienta
personal, expresa y públicamente y punto
por punto la información aparecida.
Como dijo el entonces portavoz del PSOE, Sr
Pérez Rubalcaba, el 13M: los españoles
nos merecemos un Gobierno que no nos mienta.
Así fue el diálogo con ETA
LUIS
R. AIZPEOLEA 10/06/2007. El País
El
21 de junio de 2005 se encontraron en el hotel
Wilson de Ginebra (Suiza) el dirigente histórico
de ETA, José Antonio Urrutikoetxea,
Josu Ternera, y el presidente del Partido Socialista
de Euskadi (PSE), Jesús Eguiguren. Ternera
acudió a la cita con un ejemplar de
un libro de Eguiguren publicado cinco años
antes, Los últimos españoles
sin patria (y sin libertad), en cuyo prólogo
apuntaba las claves para hallar una solución
al terrorismo en Euskadi. Si el Gobierno estaba
dispuesto a suscribir lo que decía el
prólogo de su libro, le dijo Ternera,
podría llegarse a un final de la violencia.
Ya
se conocían. Habían coincidido
en el Parlamento vasco en la legislatura anterior,
antes de que Josu Ternera huyese, abandonando
su escaño parlamentario para evitar
el regreso a prisión. La presencia en
Zúrich de Ternera, de 58 años,
supuso para Eguiguren toda una garantía.
Sabía que era un dirigente histórico
de la antigua ETA militar, amigo de su fallecido
número uno, José Miguel Beñarán,
Argala, con quien participó en el atentado
mortal contra el presidente franquista Luis
Carrero Blanco, en diciembre de 1973. Eguiguren,
algo más joven, euskaldún como
Ternera, es un intelectual de izquierdas, un
hombre de la universidad, que empezó
a militar en el socialismo desde muy joven
y llegó a ser presidente del Parlamento
vasco.
Aquella
cita fue el comienzo de las conversaciones
entre el Gobierno y ETA que culminaron, nueve
meses después, en el alto el fuego permanente
de la banda, el 22 de marzo de 2006. Sin embargo,
antes de que los dos negociadores se reuniesen
en Suiza, hubo cuatro años de trabajo
lento y delicado, muchas horas de conversaciones
entre el propio Eguiguren y el portavoz de
Batasuna, Arnaldo Otegi. Un laborioso esfuerzo
que ETA, con la formalización del regreso
al terrorismo, de anuncio del fin de su "alto
el fuego permanente", arrojó por
la borda el pasado martes, perdiendo así
la mejor oportunidad que ha tenido nunca para
acabar, de manera dialogada, y salvando la
cara, con sus más de 40 años
de violencia.
Ese
trabajo empezó en 2002, cuando José
María Aznar estaba en La Moncloa. ETA
mantenía aún su campaña
de atentados, reiniciada en enero de 2000,
tras la ruptura de la tregua de 1998. La situación
política en el País Vasco era
irrespirable, y no sólo por las amenazas
de la banda terrorista, sino también
por la agria confrontación entre los
gobiernos de Aznar y de Juan José Ibarretxe.
Las
conversaciones de Eguiguren y Arnaldo Otegi
-que coincidieron también en la Cámara
vasca y que fueron propiciadas por un amigo
común, José Luis Egea, ex consejero
socialista del Gobierno vasco- se iniciaron
en un caserío de Elgoibar (Guipúzcoa),
propiedad de un amigo del líder de Batasuna,
y continuaron en Azpeitia tras descubrirlas
el Centro Nacional de Inteligencia. Todavía
eran los tiempos de Aznar. Lo primero que se
hizo en aquellas conversaciones preliminares
fue un análisis de los fracasos de las
treguas anteriores de ETA.
Aquellos
contactos se producían mientras en Irlanda
del Norte avanzaban las negociaciones que culminarían
este mismo año con el Sinn Fein de Gerry
Adams y sus enemigos irreconciliables, los
extremistas protestantes del reverendo Ian
Paisley, compartiendo gobierno. Aunque a Otegi
y Eguiguren les servía de estímulo
la buena marcha que habían tomado las
negociaciones en Irlanda del Norte, a raíz
del acuerdo de Stormont de 1998, el dirigente
socialista nunca fue partidario de utilizar
el Ulster como referente. Prefería remitirse
a modelos históricos más cercanos.
Eguiguren es un profesor especializado en historia.
No le costó entenderse con Otegi sobre
esa base.
La
doble negociación
Sin
embargo, la clave que permitió avanzar
fue el análisis crítico que los
dos interlocutores hicieron de los procesos
de paz fallidos y las conclusiones a las que
llegaron. El prólogo del libro de Eguiguren,
que Josu Ternera llevaría años
después a su primera cita en Ginebra,
ya avanza la necesidad de separar en Euskadi
el proceso de paz y el político. Su
mezcla había sido la clave del fracaso
de las conversaciones de Argel de 1989, el
primer intento de envergadura por lograr el
final de ETA por la vía del diálogo.
El Gobierno de Felipe González dejó
entonces claro a ETA que no estaba dispuesto
a mantener una negociación política
con una banda armada. Tenía una base
de apoyo, el Pacto de Ajuria Enea, de enero
de 1988, que permitía al Gobierno negociar
una solución para los presos de ETA
a cambio del cese de la violencia, pero no
cuestiones políticas que corresponden
a los partidos. A ese compromiso se remitió
el Ejecutivo para rechazar las pretensiones
de ETA, que rompió la tregua a los dos
meses de declararla.
Eguiguren
y Otegi, a la vista del error del pasado, coincidieron
en abrir una doble negociación separada.
Gobierno y ETA abordarían la negociación
sobre la base de canjear paz por presos y los
partidos vascos decidirían, en una segunda
mesa, el futuro político de Euskadi.
La necesidad de reformar el Estatuto de Gernika,
defendida por todas las formaciones vascas,
a excepción del PP, ofrecía la
oportunidad de incorporar a Batasuna al juego
político. Antes tenía que recuperar
la legalidad.
La
llamada del cardenal
Llegados
a ese punto, Eguiguren y Otegi comprendieron
que su trabajo había llegado a un límite.
Creían que debían ser el Gobierno
y ETA quienes les relevasen. Eguiguren se había
limitado a informar de sus gestiones a Patxi
López, secretario general del PSE. Ante
la proximidad de las elecciones generales de
marzo de 2004, decidieron esperar a los resultados.
Fue en esas fechas, muy poco antes de los comicios,
cuando el PSE notificó al secretario
general del PSOE, José Luis Rodríguez
Zapatero, el resultado de las conversaciones
con Batasuna.
Una
vez celebradas las elecciones, Zapatero, investido
presidente del Gobierno, decidió que
fuese el nuevo portavoz socialista en el Congreso
(y hoy ministro del Interior), Alfredo Pérez
Rubalcaba, quien controlase las conversaciones.
ETA llevaba por entonces un año sin
matar.
A
su vez, Eguiguren y Otegi se habían
planteado la necesidad de encontrar un intermediario
que facilitase la relación entre el
Gobierno y ETA. Pensaron en el cardenal vasco-francés
residente en el Vaticano Roger Etchegaray.
Eguiguren contactó con él a través
de François Maitia, por entonces concejal
del Partido Socialista Francés (PSF)
en una pedanía de Saint Jean Pied de
Port, hoy vicepresidente del Consejo de Las
Landas, y amigo común de los dos negociadores.
El
cardenal llamó por teléfono a
Eguiguren y se citaron en Roma el 22 de mayo
de 2004, el mismo día que el Príncipe
Felipe y Leticia Ortiz se casaron en Madrid.
Desafortunadamente, Etchegaray rechazó
la petición, con el argumento de que
el Vaticano no podía comprometerse en
un asunto de esta naturaleza.
ETA
escribe al Gobierno
A
principios de agosto de 2004, ETA envió
una carta oficial al Gobierno (ya habían
llegado los socialistas al poder) a través
de un peculiar canal, que comenzaba en un cura
vasco-francés y continuaba por intermediarios,
llegaba hasta Eguiguren y, por medio de éste,
hasta el Ejecutivo. La carta de ETA, firmada
por la banda y con su sello de la serpiente
y el hacha, proponía "establecer
vías de comunicación para resolver
el conflicto". El Gobierno tardó
tiempo en responder a ETA. Pero Zapatero dio
el visto bueno, animado, sin duda, por el primer
ministro británico, Tony Blair, que,
basado en su experiencia irlandesa, defendía
el establecimiento de un canal de comunicación
con la banda terrorista.
Paralelamente,
Batasuna exteriorizó las conclusiones
de las conversaciones mantenidas con el PSE
en la Asamblea de Anoeta, en San Sebastián,
en noviembre de 2004. Allí Otegi propuso
la doble mesa y que, en la de carácter
político, ETA asumiera que Batasuna
le representase. También proclamó
la necesidad de que en el futuro político
de Euskadi participasen los partidos no nacionalistas,
que quedaron excluidos del pacto de Lizarra,
surgido al calor de la tregua de ETA de 1998.
Y propuso que ETA negociase con el Gobierno,
en otra mesa "técnica", la
salida de los presos a cambio de la paz.
También
se publicó por entonces la carta de
varios militantes de ETA encarcelados que encabezaba
el que fue líder de la banda en los
años ochenta, Francisco Múgica
Garmendia, Pakito, y en la que se quejaban
de la orientación de ETA y le animaban
a un final dialogado con el Gobierno.
Dos
meses después, en enero de 2005, Otegi,
como portavoz de Batasuna, escenificó
la nueva situación con el envío
de una carta a Zapatero, que antes mostró
a Eguiguren, en la que le pedía que
encabezase el esfuerzo para llegar a un final
dialogado de la violencia. Zapatero respondió
al día siguiente, en un mitin en el
Kursaal de San Sebastián, que estaba
dispuesto al diálogo si se daban las
condiciones necesarias.
Los
expertos de Ginebra
Paralelamente,
el Gobierno y ETA aprobaban la participación
en el proceso en ciernes de un organismo mediador,
el Centro de Diálogo Henri Dunant, radicado
en Ginebra (Suiza) y con una amplia experiencia
en conflictos armados. Sus miembros son de
diversas nacionalidades y muchos de ellos excedentes
de la ONU. La tragedia del tsunami en diciembre
de 2004, obligó al centro a dirigir
sus esfuerzos a los países asiáticos,
afectados por el maremoto, y eso retrasó
los contactos durante meses. Pero tras alguna
tentativa fallida, el Centro de Diálogo
fijó para junio la cita a la que acuden
Eguiguren, en nombre del Gobierno, y Josu Ternera,
por parte de ETA. El primero llevaba un aval
parlamentario. Un mes antes, en mayo de 2005,
el Congreso había votado una resolución,
con el único pronunciamiento negativo
del PP, en la que se comprometía a dialogar
con ETA si ésta daba muestras inequívocas
de dejar la violencia, con la condición
de que las cuestiones políticas las
resolvieran los partidos. ETA llevaba ya dos
años sin matar.
La
primera cita
La
cita tuvo lugar en Ginebra el 21 de junio de
2005. Un día sí y otro no se
reunieron en presencia de representantes del
Centro de Diálogo. Ternera garantizó
a Eguiguren que representaba a ETA y que se
alegraba de que la interlocución fuera
política y no policial, porque había
tenido "malas experiencias" en el
pasado. Las conversaciones se iniciaron con
largas exposiciones sobre cómo entendía
cada uno la historia de Euskadi, su situación
política y las salidas a la violencia.
La diferencia con procesos anteriores consistía
en que se apreciaba una mayor voluntad política
por parte de ETA de comprometerse y, además,
partía de un procedimiento ya empleado
con anterioridad: la separación entre
la negociación política y la
de los presos. Eguiguren se mantenía
en estrecho contacto telefónico con
Rubalcaba.
El
14 de julio, 22 días después
de iniciado el diálogo, se alcanzó
un acuerdo de principio: ETA anunciaría
un alto el fuego indefinido y permanente. Las
bases de ese compromiso, que se recogerían
en el comunicado de ETA del 22 de marzo de
2006 y en la declaración institucional
del presidente del Gobierno, que inicialmente
estaba previsto que se realizara seis meses
después del comunicado etarra, no hacían
referencia ni al derecho de autodeterminación
ni a Navarra, clásicas reivindicaciones
de ETA y de la izquierda abertzale. Se limitaban
a señalar que se respetarían
las decisiones que sobre su futuro tomase libremente
la ciudadanía vasca en ausencia de violencia.
También señalaban que las adoptarían
los partidos a través de los procedimientos
legales y teniendo en cuenta la pluralidad
de la sociedad vasca. Finalmente, recogían
la clave de la resolución parlamentaria
de mayo de 2005: el Gobierno dialogaría
con ETA si se producen señales inequívocas
del cese de la violencia, y aclaraba que el
Ejecutivo no pagaría precio político
alguno por la paz.
Las
bases del acuerdo, del que fueron notarios
los funcionarios del Centro de Diálogo,
fijaban en seis meses como máximo el
plazo entre la declaración de alto el
fuego y la celebración de contactos
oficiales entre el Gobierno y ETA. Ese tiempo
lo utilizaría el Gobierno para verificar
que no había chantajes de ETA ni actos
de kale borroka. También señalaba
que, si cesaba realmente la actividad de ETA,
se relajaría la actividad policial y
que Batasuna se acogería a la legalidad,
permaneciendo vigente la Ley de Partidos. Finalmente,
no sucedió ni lo uno ni lo otro.
Se
fijó, asimismo, un protocolo de reuniones,
a propuesta del Centro de Diálogo, sobre
el número de interlocutores, de asesores
y de observadores, así como la constitución
de un comité de verificación.
La tanda de reuniones culminó con el
compromiso de un reencuentro, una vez que Eguiguren
y Josu Ternera, hicieran consultas. Zapatero
informó a Rajoy durante el verano de
la existencia de estos contactos y de la proximidad
del alto el fuego.
Reuniones
en Oslo
Entre
el 3 y el 12 de noviembre se produjo una segunda
tanda de reuniones en una residencia en las
afueras de Oslo (Noruega), también a
través del Centro de Diálogo,
en la que se ratificó el acuerdo de
julio. Los servicios secretos noruegos se encargaron
de la seguridad y de los movimientos de las
delegaciones. Ternera fue acompañado
por otro dirigente veterano de ETA.
Las
sesiones de Oslo se celebraron también
en días alternos y, a instancias de
la representación del Gobierno, se eliminó
la expresión "tregua indefinida"
por considerarla "quemada". Se dejó
"permanente", el mismo término
que el IRA utilizó en su alto el fuego.
Ternera introdujo, también, algunos
matices a las bases del acuerdo.
Se
declara la tregua
El
último día del año 2005
se produjo un último encuentro entre
Eguiguren y Ternera en Ginebra. El dirigente
etarra comunicó al socialista que, a
partir de las seis semanas siguientes, ETA
haría público el alto el fuego
permanente. Tardó un mes más.
Ocurrió, finalmente, el 22 de marzo
de 2006. Fue la tercera tregua de ETA de envergadura
y provocó una gran euforia, porque parecía
la definitiva. Se sustentaba en bases más
sólidas que las anteriores, venía
precedida de tres años sin muertos y
contaba con un contexto político muy
favorable. Desaparecido el IRA de la escena
europea, sólo quedaba ETA practicando
el terrorismo en una competencia imposible
con los islamistas de Al Qaeda, y el nivel
de rechazo de la violencia no sólo en
la sociedad española sino en la vasca
era absoluto.
ETA
se ajustó en su comunicado, del 22 de
marzo de 2006, a lo que Ternera se había
comprometido en las conversaciones de Ginebra
y Oslo. El Gobierno no esperó seis meses
para hacer su declaración institucional
en la que abría oficialmente el diálogo
con ETA. Zapatero la materializó en
el Congreso el 29 de junio. La declaración
institucional gustó a Otegi, pero no
a ETA, que interpretó que Zapatero soslayó
la cuestión de Navarra.
Zapatero
pretendía aprovechar el verano para
iniciar las conversaciones de la mesa técnica,
entre el Gobierno y ETA, y poner en marcha
el compromiso de paz por presos. Había
preparado un plan preciso de acercamientos
e incluso de excarcelaciones de etarras.
En
julio, poco después de la declaración
del presidente, se produjo una comunicación
entre el Gobierno y ETA. La representación
de la banda no quiso empezar la negociación
de paz por presos. Exigió que antes
se reunieran los partidos para configurar la
segunda mesa, la política. Esta exigencia,
además de cambiar las prioridades del
calendario, planteaba la necesidad urgente
de que Batasuna fuese legalizada.
Batasuna
no quería acogerse a la Ley de Partidos,
cuya vigencia estaba en las bases del acuerdo.
El clima se hallaba enrarecido entre los militantes
de Batasuna porque el juez Fernando Grande
Marlaska había practicado detenciones
de dirigentes de Batasuna, en los primeros
días del alto el fuego, acogiéndose
a la vía penal, y los sectores más
radicales empezaron a recuperar influencia.
Marlaska había redactado un auto en
enero -en el breve paréntesis entre
el acuerdo de bases y la declaración
de alto el fuego- por el que prorrogaba por
dos años la ilegalidad de Batasuna,
con lo que dejaba en papel mojado la posibilidad
de que esta formación funcionase sin
dificultades. Finalmente, Batasuna, presionada
por sus bases, no se acogió en el verano
a la Ley de Partidos y continuó en la
ilegalidad.
Para
superar el bloqueo, una representación
del PSE se reunió en julio con otra
de Batasuna, de manera oficial. No bastó
a ETA. En agosto dio su primer aviso con un
comunicado. Consideraba que el proceso estaba
en "crisis" y lo atribuía
a que los partidos no habían puesto
en funcionamiento la mesa.
El
Gobierno, pese al cambio de calendario, decidió
seguir. Con la puesta en marcha de las conversaciones
entre partidos, irrumpió en la escena
el PNV. Su líder, Josu Jon Imaz, no
tenía claro que se alterase la hoja
de ruta y que el debate político se
pusiera por delante. No obstante, accedió
ante la obstinación de Batasuna. En
ese momento, en septiembre, PNV, PSE y Batasuna
iniciaron contactos secretos -al ser ilegal
la formación abertzale- para avanzar
en la constitución de la mesa de partidos.
Tras una reunión tripartita en Loyola
(Guipúzcoa) llegaron a un borrador de
acuerdo. Batasuna pidió consultarlo
pero, en una reunión posterior, sus
representantes -Arnaldo Otegi y Rufino Etxeberria-
rechazaron el borrador y elevaron el listón
al pretender aprobar un órgano común
de Navarra y Euskadi, con capacidad legislativa,
en el plazo de dos años. El PNV y el
PSE se plantaron y las conversaciones encallaron.
Es el 10 de noviembre. Con ello se enterró
también el proyecto de presentar la
mesa de partidos en el marco de una Conferencia
de Paz en San Sebastián que se iba a
celebrar en diciembre.
El
proceso encalla
Con
el proceso encallado y con ETA manteniendo
brotes de violencia -además de relanzar
la kale borroka, a fines de octubre la banda
robó 350 pistolas en el sur de Francia-,
se celebró el último encuentro
entre enviados del Gobierno y la banda, a mediados
de diciembre.
A
esa reunión ya no acudió Ternera.
Le relevaron dos militantes más jóvenes.
Entre ellos no estaba Txeroki, cuyo papel real
en ETA, según fuentes del proceso, es
inferior al de jefe del aparato militar que
le atribuyen informaciones policiales. La representación
gubernamental la tuvieron Eguiguren y un ex
ministro del Gobierno de Felipe González.
ETA presentó un planteamiento político
global -con Navarra y el derecho a la autodeterminación-
que la delegación gubernamental rechazó
de plano. La banda, no sólo cambió
el calendario, sino que tuteló políticamente
a Batasuna. Pese a todo, se comprometió
a no romper el proceso. Tardó 15 días
en faltar a su promesa. El 30 de diciembre,
colocó una bomba en Barajas, que costó
la vida a los ecuatorianos Diego Armando Estacio
y Carlos Alonso Palate.
El
comunicado reivindicativo del atentado, en
el que decía que no pretendía
causar víctimas, daba su versión
sobre la reunión de diciembre: "En
lugar de acordar las bases de un nuevo marco
político que traiga la superación
del conflicto y que reconozca los derechos
de Euskal Herria, [el Gobierno] ha establecido
como tope del proceso los límites de
la Constitución española y de
la legalidad".
Aunque
el proceso terminó el 30 de diciembre,
su deterioro se inició en julio, con
el cambio del calendario por parte de ETA.
¿Por qué lo alteró? ¿Por
qué no asumió su compromiso de
ceder la política a Batasuna, acordado
en las conversaciones previas?
El
presidente del PNV, Josu Jon Imaz, dio su explicación
un mes antes de que ETA pusiera la bomba en
Barajas. "La crisis obedece a la resistencia
de ETA a abandonar su viejo papel de garante
o tutor de los acuerdos políticos entre
partidos en Euskadi y, en el fondo, a un vértigo
y miedo a hacer política por la izquierda
radical sin el tutelaje de las armas".
Imaz
interpretaba que "la percepción
de sectores de Batasuna, tras el alto el fuego,
ha sido de debilidad social y política
mayor que la prevista" pues "la capacidad
de movilización que mostró en
el alto el fuego de 1998 queda muy lejos".
Y la constatación de su soledad en las
reuniones de partidos, en las que no pudo imponer
sus planes soberanistas al no apoyarle el PNV.
Bomba
en Barajas
La
bomba de Barajas y la consiguiente ruptura
del proceso ya puso de manifiesto que, desde
julio, ETA apostaba por un proceso que condujese
a la soberanía de Euskadi mientras el
Gobierno quiso un proceso de fin de la violencia,
con la incorporación de la izquierda
abertzale a la política. Fueron dos
visiones distintas de un mismo proceso.
En
los cinco meses que han transcurrido desde
la ruptura del proceso hasta su formalización,
con el comunicado de ETA del 5 de junio, la
banda ha tratado de ganar "legitimidad"
ante sus bases, sorprendidas por el atentado
de Barajas. Su gran baza ha sido, según
dice el comunicado del 5 de junio, "la
falta de libertad en las elecciones" por
la eliminación por los tribunales de
todas las listas de Batasuna y la mitad de
las de ANV. Pero, junto a ello, ha reconocido,
sin tapujos, que su objetivo en el proceso
eran la independencia y la constitución
de una Euskadi con los siete territorios (las
tres provincias vascas españolas, las
tres francesas y Navarra).
Batasuna,
después de Barajas, mantuvo tres reuniones
con el PNV en las que planteó un referéndum
sobre Euskadi y Navarra para 2010 en el que
el Partido Socialista de Navarra (PSN) hiciera
campaña a favor. El PNV no lo aceptó.
El
Gobierno, a su vez, cortó el proceso
de diálogo con ETA con el atentado de
Barajas. Sólo le cabía la remota
esperanza de que una reacción de Batasuna
forzara a ETA a reconocer su "equivocación"
y abandonar la violencia. Pero, fuera de algunos
gestos tímidos de dirigentes de Batasuna
como Otegi, no hubo tal.
No
obstante, el Gobierno sí utilizó
el cauce del Centro de Diálogo para
saber las intenciones de ETA, tras el atentado
del 30 de diciembre. E incluso pidió
al Sinn Feinn que reclamara a ETA el abandono
de la violencia. No sirvió de nada.
Los gestos realizados por el Gobierno estos
meses, tan criticados por el PP, como el traslado
del etarra Iñaki De Juana al hospital
de San Sebastián y la aceptación
de la mitad de las listas de ANV para las elecciones
municipales, no tuvieron como objetivo "contentar
a ETA". El Ejecutivo ya tenía información
de que eran inútiles desde esa perspectiva.
Los hizo, sobre todo, para no ofrecer argumentos
victimistas al entorno etarra. Y lo que terminó
de convencer al Ejecutivo de que ETA iba a
formalizar su ruptura fue la publicación
en Gara, durante la campaña electoral,
de la versión de Batasuna de las conversaciones
previas al alto el fuego.En diciembre de 2006,
ETA aparta a Ternera y plantea los temas de
Navarra y la autodeterminación. Y el
día 30 llega el atentado de la T-4 de
Barajas.
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