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Editorial De Verdad 15-2007 - UCE

Josu Jon Imaz - Ibarretxe

“Dos almas en guerra”

En sólo cuarenta y ocho horas Imaz ha abierto una guerra entre las dos almas que cohabitan y se enfrentan en el Partido Nacionalista Vasco y habría ganado el primer envite

“La consulta –que promueve el lendakari Ibarretxe- puede ser el plan B de ETA”. En sólo cuarenta y ocho horas el presidente del PNV, Josu Jon Imaz, ha abierto una guerra entre las dos almas –la etnicista y dogmática, la moderada y pragmática- que cohabitan y se enfrentan en el Partido Nacionalista Vasco, y habría ganado el primer envite.

El domingo 15 de julio, Imaz publicaba un artículo de opinión que sacaba a la luz las diferencias internas y abría públicamente las hostilidades. Una auténtica andanada contra el alma más soberanista que sobre todo ha dado de lleno al gobierno tripartito (PNV, EA, IU-EB) que preside Ibarretxe, dispuesto a convocar a partir de septiembre la supuesta “consulta popular”. Imaz desautoriza la “consulta”, sitúa como prioritario “hacer frente a ETA”, y supedita la consulta a la ausencia de violencia y a un acuerdo entre las fuerzas políticas que pueda ser tramitado en las Cortes Generales. Cuarenta y ocho horas después, los representantes del alma etnicista, ni Eguibar, la mano derecha de Arzallus en el partido, ni la portavoz del gobierno tripartito vasco, Miren Azkarate, discutían los argumentos de fondo de Imaz, reconociendo públicamente, la portavoz, que “la convocatoria de una consulta popular está condicionada por la ausencia de violencia”, tal y como decía Imaz en su artículo, recordando los acuerdos de octubre de 2005 del PNV, y “la consecución de un acuerdo político previo”.

Mientras, el propio Imaz templaba su discurso. Y en unas declaraciones a la radio pública vaca decía que “el partido y el lendakari irán de la misma mano” en la cuestión de la consulta. Imaz templa, no porque se haya movido ni un punto de lo que planteó el 15, (incluso en la radio vasca ha vuelto a reafirmar la necesidad de un acuerdo que “pudiera ser aceptado mayoritariamente por las Cortes”) sino para tender una mano a “los otros” de su partido y tratar de evitar una crisis catastrófica que, como ha ocurrido en otras ocasiones históricas en las que se han enfrentado estas dos almas, la confrontación llegue a tal grado que una posible ruptura merme sus posibilidades políticas. Como ocurrió en el último enfrentamiento abierto en 1986 que les llevó a la escisión encabezada por el ex lendakari Carlos Garaicoechea, la formación de EA y la pérdida de la mayoría electoral.

Con su envite, Imaz demuestra que es consciente de la necesidad de acomodar el PNV a las nuevas tendencias, ya que en su capacidad de adaptación a los nuevos vientos se juega su propia supervivencia. Pero templando pone también de manifiesto su pragmatismo. Cuando se está postulando para jugar todas las opciones posibles que el desarrollo de la situación puede ofrecerle, desde una vuelta a la alianza con el Partido Socialista hasta un pacto con el Partido Popular, necesita hacer todo lo posible para evitar una ruptura. Necesita presentarse con el máximo de fuerzas para obtener el máximo de réditos. Otra cosa es que aún está por ver cómo se desarrollará la guerra que se acaba de abrir. La primera reacción del alma étnicista permite hacernos una idea de la fuerza con que soplan los nuevos vientos, lo que puede favorecer que se agazapen a la espera de tiempos mejores, incluso que se reciclen. Pero aún está todo por decidir. Como nos preguntamos en páginas interiores ¿podrá Imaz convencer a los fundamentalistas de su partido de los nuevos vientos que corren? Y sobre todo, ¿estarán éstos dispuestos al reciclaje o darán la batalla hasta el final?

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